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Berenguer lo toma un día a la vez

Berenguer lo toma un día a la vez

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Uri Berenguer, locutor de radio en español para las Medias Rojas de Boston, recuerda su viaje en aquel elevador que lo llevó del palco de prensa al estacionamiento del parque Fenway el 30 de Mayo del año 2005, como si fuera ayer.

Son poco después de las dos de la mañana un domingo, y el equipo acaba de llegar al estadio del aeropuerto después de un partido en contra de los Yankees. El y su compañero de la radio, J.P. Villaman, trabajan rápidamente para guardar todo su equipo en el palco de transmisión en el quinto piso. Y después de subirse al elevador los dos se quedan pensando en cómo un partido televisado nacionalmente de tres horas y un vuelvo de menos de una hora puede sentirse una eternidad.

"J.P. comenta que los partidos de ESPN duran tanto por todos los comerciales", dice Berenguer, 23. "Nos reíamos de eso y pasábamos un momento alegre. Hablando de como ya todos deberíamos estar todos en casa."

Pero Juan Pedro Villaman nunca llegó a casa esa noche. Él murió en un accidente automovilístico al norte de Boston.

"Yo fui la ultima persona quien le dijo adiós, y fue un privilegio", agregó. "Nos dimos un abrazo, y le dije 'Nos vemos mañana.' Eso nunca sucedió."

Carismático en inglés y español, Berenguer todavía batalla en recordar sus emociones la mañana de la muerte de Villaman. Berenguer recuerda su llanto, el shock, la tristeza, y los sentimientos de impotencia y desesperación. Estas emociones eran las mismas que lo torturaban desde que era pequeño porque por un momento recordó lo que sentía cuando niño crecía con un tipo de cáncer muy poco común.

Todo parecía un sueño.

Sumergido en la tristeza, él sintió algo más. Sería fuerza interna, responsabilidad o una lealtad hace Villaman, pero Berenguer se limpió las lagrimas y se dijo que tenía que seguir adelante porque así lo quería J.P. Apenas a unas cuantas horas de guardarle luto a su amigo, Berenguer transmitió el partido el lunes por la noche. A su lado estaba un asiento vacío y por dentro un corazón destrozado.

"Llore mucho ese día y me controle muy bien para el partido, al meno eso creo yo," dijo Berenguer. "Nunca me imaginé lo difícil que iba hacer, pero en cuanto entre por las puertas, comencé a llorar otra vez. Tristemente, he tenido que soportar varias malas noticias en mi vida, y he podido sobrepasar casi todo.

La adversidad ha dejado una marca en Berenguer, pero nada más en lo físico.

Nacido en Panamá, Berenguer fue diagnosticado con un tipo de cáncer en la sangre no muy común llamado histocytosis a los tres años. Cuando su madre, Daisy, no estuvo de acuerdo con un doctor local de amputarle la pierna a su hijo por un tumor, ellos se mudaron a Boston para recibir tratamiento en la clínica de Jimmy Fund en el Instituto de Cáncer de Dana-Faber. En Boston, Uri y Daisy vivieron en el Howard Johnson detrás del parque Fenway, haciendo que el niño se preguntara que era esa "pared enorme de color verde." Daisy pensó que vivían al lado de algún tipo de fabrica.

Ninguno de los dos tenían idea de lo que el futuro les prepararía.

"Regresamos a Panamá después de mi primera cirugía, pero tuve una recaída," dijo Berenguer. "Mamá dijo que no regresaríamos a Panamá hasta que yo estuviera curado, y eso nos mantuvo aquí casi toda mi vida."

Berenguer recibiría 16 años de tratamiento y sobrevivió seis recaídas. Cuando jovencito duró un año en silla de ruedas y otro uso un caminador. En varias ocasiones tuvo que aprender a volver a caminar, pero después de cinco años de estar sin cáncer, a los 19 años de edad lo declararon libre de ese mal.

Recientemente Daisy fue tratada en el Instituto de Cancer Dana-Farber para cáncer del seno. Su hijo corrió en el maratón de Boston del año 2005 en su honor, la segunda vez que se perdió una transmisión de las Medias Rojas. Su única otra falta fue cuando acompaño a su madre a ver un especialista.

" El cáncer ha sido mi batalla toda la vida, y me robó mucho de mi niñez, pero no me arrepiento de nada", agregó. "Ha sido una bendición y me ha ayudado a crecer como persona."

A los 10 años, Berenguer conoció a locutor de radio de las Medias Rojas Joe Castiglione cuando miembros de esa organización visitaron a la clínica Jimmy Fund. Ellos rápidamente formaron una amistad. Tres años después, Berenguer era el que le llevaba las estadísticas a Castiglione. Y cuando Berenguer tenia 16, él estaba ayudando con la parte en español de relaciones comunitarias del equipo, y haciendo una que otra entrevista en español para las transmisiones de la radio.

Un mes antes de cumplir sus 18 primaveras, Berenguer se unió al equipo de radio en español como comentarista.

El cumplió su sueño de ser el numero uno en el palco de radio en español en Boston, libre de cambiar la manera de transmitir para que quedara más con su personalidad, pero dice que todo, incluyendo la nueva atención que tiene la radio en español, es algo medio agridulce.

"Es triste que cuando la radio en español ha trabajado duro y tanto tiempo para ser reconocido por los medios, ellos solo quieren hablar conmigo el día que se muere un amigo mío porque así ya tiene su nota", dijo Berenguer. "Me hizo pensar. Antes de esta tragedia nadie quiera hablar conmigo o con J.P. Es algo que duele."

Otra tarea difícil fue tener que tomar el lugar de Villaman en el canal de béisbol en español. Juan Oscar Báez, ex-jugador de ligas menores de los Yankees, se unió a Berenguer en el palco de la radio en español después de la muerte de Villaman, y él es el candidato para quedarse permanentemente la temporada que sigue.

"J.P. era mi amigo, como un hermano", dijo Báez. "Sentarme en su silla y usar su micrófono tan pronto es algo difícil. Pero tengo un trabajo que hacer, y yo sé que él quisiera que yo diera lo mejor de mí."

Una persona como Villaman no es remplazada, dijo Berenguer. Su legado como hombre y locutor quedan por siempre.

"J.P. era algo muy apasionado para esta sociedad tan fría," agrego. "El no entendía que un abrazo o una riza muy escandalosa podría ser algo raro para la gente alrededor. Era la cultura Latina, y eso era quien era. Cada saludo era un abrazo y cada despedida era un abrazo. Era el mejor de los fanáticos, el locutor mas apasionado que he conocido. Siempre estará en mi corazón. Yo pienso en él todo los días."
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